La búsqueda de la excelencia es el corazón del éxito.

El poder de «Ser excelentes».

Te has preguntado alguna vez ¿qué significa realmente ser excelente?, ¿cómo definir la excelencia de forma que sea alcanzable, e inspiradora? ¿qué hace falta para ser excelente en lo que hacemos? Veamos más de cerca cómo liberar el poder de la excelencia, y cómo desarrollar una Cultura basada en ella.

Todas las personas enfrentamos continuamente situaciones de elevada presión en las que necesitamos obtener un resultado concreto rápidamente. En este contexto, suele ser difícil que podamos alterar las circunstancias directamente, por lo que es importante centrarse en cómo respondemos ante ellas.

Existen 2 caminos básicos de respuesta en estas situaciones límite: el de la excelencia, o el de la exigencia.

El simple hecho de ser conscientes del origen desde el cual estamos generando comportamientos, y emprendiendo acciones, nos puede ayudar a gestionar mejor las respuestas ante esas situaciones de estrés, presión y, en definitiva, de extrema urgencia.

En el conocido libro «No es lo mismo», escrito por una de mis profesoras, Silvia Guarnieri, junto con Miriam Ortiz de Zárate, definen la siguiente distinción entre ambas:

  • La EXCELENCIA cuida y atiende hacer las cosas lo mejor posible, con independencia de la tarea, es un camino que se recorre poniendo en juego nuestras mejores capacidades, obteniendo frutos relacionados con el aprendizaje, la creatividad, y el crecimiento personal. Apuntan que no es una acción, sino un hábito, como decía Aristóteles.

  • La EXIGENCIA no busca tanto hacer las cosas lo mejor posible, como el hacerlas perfectas. Esta búsqueda se hace lógicamente imposible, de manera que la persona queda siempre insatisfecha, frustrada, y anhelante. El camino de la exigencia está lleno de autorreproches y sufrimiento, surgiendo conversaciones del tipo «podías haberte esforzado más», «podías haberlo hecho mejor».

Tomando como referencia esta aportación, cabe destacar cómo el poder de la excelencia, y no de la exigencia, está íntimamente relacionado con el desarrollo de estilos de liderazgo evolucionados y mejor adaptados, así como con el óptimo desempeño de los deseados equipos de alto rendimiento.

Una forma sencilla de identificar si operamos desde la excelencia o la exigencia:

Excelencia

  • Mentalidad de crecimiento: «Lo hago lo mejor posible». Atención en lo que hay (presente).
  • La experiencia se disfruta día a día a través del aprendizaje, la creatividad, y el crecimiento. El camino es tan importante como alcanzar la Meta.
  • La motivación surge del SER.
  • El error es parte natural del proceso. Es una oportunidad para incorporar nuevas competencias y adaptarse mejor.
  • La finalidad es el crecimiento interno.
  • La identidad de la persona no está limitada a lo que se hace. Distingo entre lo que soy y lo que hago. «Soy más de lo que hago».
  • La celebración del logro se produce en cualquier momento.
  • El feedback es una herramienta para construir acciones de mejora, y cooperar.
  • Promueve un Liderazgo de autogestión y autonomía.

Exigencia

  • Mentalidad fija: «Lo hago perfecto». Atención en lo que falta (futuro).
  • La experiencia no se disfruta porque se centra en las tareas. No importa si el camino es un «sacrificio” que tengo que hacer hoy para alcanzar el resultado esperado.
  • La motivación surge del HACER.
  • El error es un fracaso que afecta a la identidad de la persona. Genera frustración y sufrimiento.
  • La finalidad es el reconocimiento externo.
  • La identidad de la persona está limitada a lo que se hace. No distingo entre lo que soy y lo que hago. «Soy lo que hago».
  • La celebración del logro se posterga al momento en que se culmina el objetivo.
  • El feedback sirve para manifestar la frustración, y el reclamo improductivo.
  • Promueve un Liderazgo de autoridad y dependencia.

«La búsqueda de la excelencia es el corazón del éxito«.

«Para ser excelente, hay que tener un propósito y una visión claros. Tener un compromiso que sea inquebrantable. Sentir pasión por lo que hacemos, y tener entusiasmo por la vida«.

  • La excelencia es una mentalidad, una actitud, incluso una filosofía de vida, una forma de ser y estar en el mundo. La buena noticia es que, al tratarse de una mentalidad, ésta puede cultivarse, y desarrollarse, de forma que se pueden establecer progresos a medida que la vamos poniendo en práctica.
  • Se centra en dar lo mejor de nosotros mismos, por lo que nos impulsa a alcanzar nuestros objetivos, y superar nuestras expectativas.
  • Es el catalizador de la visión para pasar a la acción, y obtener resultados poniendo foco en el momento presente.
  • Requiere de voluntad para aprender, y crecer. Hay que exponerse, y ponerse a prueba.
  • Se necesita tener la disciplina y concentración para no desviarse del camino, aceptando y utilizando los comentarios en beneficio propio.
  • Comprender lo que se quiere conseguir, y estar comprometido a hacer el esfuerzo necesario para lograrlo.

Cómo desarrollar una Cultura basada en la excelencia.

Para impulsar y propagar una Cultura basada en la excelencia debemos tener en cuenta los siguientes aspectos:

  1. Establecer objetivos realistas alineados con la estrategia, poniendo en práctica el principio de transparencia, y asegurando que son comprendidos por todas las partes involucradas en el logro de los mismos.
  2. Revisar los procesos que impactan en los valores y principios de la Organización, ya sean individuales, o colectivos. Es una forma de garantizar la implementación de la Mejora Continua en todos los niveles.
  3. Comunicar de forma eficaz y en todas direcciones las decisiones, el progreso, e información relevante, haciendo que las personas estén en la misma sintonía.
  4. Escuchar a las personas, equipos, y áreas que contribuyen a los objetivos de la Organización, haciendo que se sientan partícipes antes de tomar decisiones. «Feedback loops«.
  5. Ser empíricos, fomentando la innovación y la creatividad en equipos piloto, antes de implementarlo en toda la Organización, sin miedo a probar nuevas alternativas.
  6. Aceptar el fracaso como parte del aprendizaje y utilizarlo a favor para crear nuevas oportunidades. Eliminar el temor a equivocarnos, y aprovecharlo para mejorar.
  7. Celebrar los éxitos en tiempo real, haciendo hincapié en el esfuerzo realizado vs los resultados obtenidos.
  8. Gestionar los sesgos, teniendo en cuenta que algo que ha funcionado en un determinado contexto puede no hacerlo en otro muy similar, por lo que hay estar abierto a aprender cosas nuevas de forma constante.
  9. Fomentar la colaboración entre áreas, equipos, y roles, compartiendo el conocimiento y la experiencia existentes dentro de la propia Organización.
  10. Medir la satisfacción tanto del cliente interno, como del externo, buscando un equilibrio entre ambos. Promover acciones que les involucren de forma directa, entendiendo que son una de las mayores medidas de Valor.

Los beneficios de fomentar una Cultura basada en la excelencia son más que obvios, aunque no es sencillo conseguirlo. Ser más organizados, eficientes, productivos, y mejorar la calidad de las relaciones e interacción con los demás, nos ayuda a desarrollar un sentimiento de autoconfianza y autoestima.

Cuando nos esforzamos por ser nuestra mejor versión, activamos todo nuestro potencial y actuamos desde la excelencia. Es entonces que podemos crear un entorno óptimo en el que realmente estamos preparados para alcanzar los mejores resultados, y aumentar exponencialmente las posibilidades de éxito.

La excelencia es además de una medida de desempeño y progreso individual, una medida de capacidad para trabajar en equipo, y es el corazón de la Cultura de las Organizaciones de hoy.

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